DESCUBRIMIENTO DE UNA
GEODA DE YESO EXCEPCIONAL EN PILAR DE JARAVIA, ESPAÑA
Miguel Calvo
No es frecuente que una noticia relacionada con
la mineralogía aparezca en la portada (con fotografía incluida)
del diario de difusión nacional más importante de España, ni que
en su interior ocupe, además, una página completa. El motivo del
interés del periódico El País en su número del 10 de junio de este
año, y posteriormente en todos los periódicos nacionales y regionales,
cadenas de televisión, etc. (NR: También los medios franceses se
han hecho eco con profusión del evento) era el descubrimiento de
una enorme geoda de yeso en una antigua mina de Pilar de Jaravia
(Almería). Las minas de Pilar de Jaravía, también conocidas como
minas de Pulpí, otro pueblo próximo, se explotaron para la obtención
de mineral de hierro sobre todo durante las últimas décadas del
siglo XIX y principios del XX. Inicialmente se obtuvo hematites
mediante excavaciones a cielo abierto, pero después también se explotó
la siderita mediante labores de interior. En la segunda mitad de
este siglo se revitalizaron las minas, extrayendo sobre todo siderita.
Aunque está acompañada de sulfuros (esfalerita, galena y bournonita)
a nivel industrial estos eran más un estorbo que una ventaja. En
superficie quedan todavía bastantes restos de edificios, incluyendo
los hornos de calcinación del mineral. Puesto que estaban situadas
junto al ferrocarril, el transporte del mineral resultaba fácil
y hacía rentable su explotación. Las minas de la zona se explotaron
generalmente como un solo coto minero.
Las más importantes fueron las llamadas Quien tal
pensara y Por sí acaso, colindantes. No está del todo claro a cual
de las dos corresponde la galería donde se encontró la geoda, pero
parece más probable que se trate de la mina Quien tal pensara. Después
de su cierre como fuente de mineral de hierro, las minas fueron
visitadas ocasionalmente por coleccionistas, a la búsqueda sobre
todo de ejemplares de celestina.
Hacia 1990, Juan Peña, un estudioso de los minerales,
además de recolector y comerciante profesional, abrió un acceso
hundido a una parte del sistema de galerías para explorar su interior.
El interés de los materiales encontrados (grandes cristales de yeso,
a veces perfectamente transparentes y con inclusiones de cristales
aciculares de celestina, la propia celestina, siderita, maclas de
cistales de bournonita y otras sulfosales aún por estudiar) hizo
que otros coleccionistas examinaran las minas con detalle, a pesar
de la peligrosidad de algunas zonas. El interés venía aumentado
por la existencia en esta mina de un notable conjunto de obras de
arquitectura minera subterránea, tanto de pedriza (mampostería en
seco) como de ladrillo o madera. Durante una visita realizada el
5 de diciembre de 1999 para estudiar la mina con vistas a la publicación
de un artículo en la revista Bocamina, Efrén Cuesta, un joven mineralogista
asturiano, encontró una fisura que una vez ampliada a base de martillo
y escoplo permitió observar
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Vista
parcial de la geoda, con cristales de hasta 1 metro de longitud.
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el interior de la geoda gigante de yeso. Durante
los meses siguientes, distintos aficionados abrieron la pared de
la geoda, posibilitando el acceso al interior, examinando detalladamente
los cristales y protegiéndola adecuadamente. La geoda, de forma
más o menos oval, tiene como longitud mayor unos 8 metros, por unos
2 de anchura. Los cristales sobrepasan en muchos casos el medio
metro, y son totalmente transparentes. Este no es un tamaño desmesurado
para un cristal de yeso, ya que se conocen cristales de hasta 3
metros en geodas semejantes (aunque mucho mayores que la de Pilar
de Jaravía) en distintas minas mejicanas, como por ejemplo la mina
San Antonio, en Chihuahua, y otras. Sin embargo, la morfología de
los cristales es claramente distinta que la de los cristales mejicanos.
Mientras que estos son de hábito prismático muy alargado, los de
Pilar de Jaravia son gruesamente tabulares, casi equidimensionales.
El yeso que ha formado los cristales de esta mina probablemente
no procede de la oxidación de sulfuros, como es frecuente en muchas
minas metálicas. En este caso, su origen está en grandes masas de
yeso sedimentarias, que posiblemente han sido removilizadas. De
hecho, el yeso es tan abundante en la zona que en terrenos de la
mina Por si acaso se explotó industrialmente una cantera de este
mineral. Evidentemente, se trata de una formación geológica y de
una mina merecedoras de un estudio detallado, al que distintos especialistas
en mineralogía topográfica y en minería, del Grupo Mineralogista
de Madrid, y dirigidos por Gonzalo García, llevaban varios meses
dedicados. Pero el nombre Quien tal pensara parecía premonitorio;
a finales de mayo del 2000, la existencia de la geoda llega a conocimiento
de algunos mineralogistas (aficionados y profesionales) sin relación
con el equipo citado, que ven una ocasión de obtener protagonismo
y publicidad, y consecuentemente, a los medios de comunicación y
a los políticos regionales y locales. El resultado es el inmediato
cierre de la mina, con vigilancia perramente de la Guardia Civil,
y la prohibición de acceso a los aficionados, particularmente a
sus descubridores. Para designarlos, y descalificarlos, se inventa
para la ocasión la palabra "neominero" que parece designar a todo
aquel que trabaja en el mundo de las minas y los minerales sin contar
con las simpatías de los ahora "dueños" de la geoda. Esta geoda
ha despertado en la zona los sueños más disparatados. Lo que realmente
es una hermana pequeña de las enormes geodas de cristales de yeso
mejicanas (con volúmenes decenas de veces superiores y cristales
de hasta 3 metros) se convierte, por gracia del afán de publicidad,
en algo único en el mundo. Incluso la vieja mina de hierro pasa
a ser, por arte de magia, una mina de plata. Una alternativa razonable
sería la extracción de la geoda para su conservación en un museo,
como se ha hecho en otras ocasiones con excelentes resultados, incluso
también con geodas de cristales de yeso. Las autoridades locales
y regionales, que nunca movieron un dedo para proteger la mina o
para investigar en ella, se niegan a que "su" geoda sea trasladada
a otro lugar, y estudian habilitar la mina para el turismo !!. La
posibilidad de que la geoda de yeso pueda convertirse en una atracción
turística es más que dudosa. Para llegar a ella hace falta atravesar
extensas zonas de la mina peligrosas e inestables. Gonzalo García,
ingeniero de minas y responsable del equipo investigador, considera
que las inversiones necesarias para que el recorrido cumpliera las
estrictas normas de seguridad ahora en vigor para una visita pública
son muy superiores al interés real de la geoda, y a su atractivo
para el público, una vez amortiguado el impacto mediático aportado
por la publicidad. El resultado final es lo que podría haber sido
un hallazgo mineralógico de primera fila, orgullo de un museo, situado
en un contexto de una mineralogía variada y con excelentes ejemplares
de otras especies, lleva camino de convertirse en uno de tantos
"yacimientos protegidos" que languidecen hasta su destrucción final,
sin servir más que a las ansias de publicidad de algunas personas.
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