338.jpg (8936 bytes) wball1.gif (275 bytes)NOTICIAS
 

DESCUBRIMIENTO DE UNA GEODA DE YESO EXCEPCIONAL EN PILAR DE JARAVIA, ESPAÑA

Miguel Calvo

No es frecuente que una noticia relacionada con la mineralogía aparezca en la portada (con fotografía incluida) del diario de difusión nacional más importante de España, ni que en su interior ocupe, además, una página completa. El motivo del interés del periódico El País en su número del 10 de junio de este año, y posteriormente en todos los periódicos nacionales y regionales, cadenas de televisión, etc. (NR: También los medios franceses se han hecho eco con profusión del evento) era el descubrimiento de una enorme geoda de yeso en una antigua mina de Pilar de Jaravia (Almería). Las minas de Pilar de Jaravía, también conocidas como minas de Pulpí, otro pueblo próximo, se explotaron para la obtención de mineral de hierro sobre todo durante las últimas décadas del siglo XIX y principios del XX. Inicialmente se obtuvo hematites mediante excavaciones a cielo abierto, pero después también se explotó la siderita mediante labores de interior. En la segunda mitad de este siglo se revitalizaron las minas, extrayendo sobre todo siderita. Aunque está acompañada de sulfuros (esfalerita, galena y bournonita) a nivel industrial estos eran más un estorbo que una ventaja. En superficie quedan todavía bastantes restos de edificios, incluyendo los hornos de calcinación del mineral. Puesto que estaban situadas junto al ferrocarril, el transporte del mineral resultaba fácil y hacía rentable su explotación. Las minas de la zona se explotaron generalmente como un solo coto minero.

Las más importantes fueron las llamadas Quien tal pensara y Por sí acaso, colindantes. No está del todo claro a cual de las dos corresponde la galería donde se encontró la geoda, pero parece más probable que se trate de la mina Quien tal pensara. Después de su cierre como fuente de mineral de hierro, las minas fueron visitadas ocasionalmente por coleccionistas, a la búsqueda sobre todo de ejemplares de celestina.

Hacia 1990, Juan Peña, un estudioso de los minerales, además de recolector y comerciante profesional, abrió un acceso hundido a una parte del sistema de galerías para explorar su interior. El interés de los materiales encontrados (grandes cristales de yeso, a veces perfectamente transparentes y con inclusiones de cristales aciculares de celestina, la propia celestina, siderita, maclas de cistales de bournonita y otras sulfosales aún por estudiar) hizo que otros coleccionistas examinaran las minas con detalle, a pesar de la peligrosidad de algunas zonas. El interés venía aumentado por la existencia en esta mina de un notable conjunto de obras de arquitectura minera subterránea, tanto de pedriza (mampostería en seco) como de ladrillo o madera. Durante una visita realizada el 5 de diciembre de 1999 para estudiar la mina con vistas a la publicación de un artículo en la revista Bocamina, Efrén Cuesta, un joven mineralogista asturiano, encontró una fisura que una vez ampliada a base de martillo y escoplo permitió observar

Vista parcial de la geoda, con cristales de hasta 1 metro de longitud

Vista parcial de la geoda, con cristales de hasta 1 metro de longitud.

el interior de la geoda gigante de yeso. Durante los meses siguientes, distintos aficionados abrieron la pared de la geoda, posibilitando el acceso al interior, examinando detalladamente los cristales y protegiéndola adecuadamente. La geoda, de forma más o menos oval, tiene como longitud mayor unos 8 metros, por unos 2 de anchura. Los cristales sobrepasan en muchos casos el medio metro, y son totalmente transparentes. Este no es un tamaño desmesurado para un cristal de yeso, ya que se conocen cristales de hasta 3 metros en geodas semejantes (aunque mucho mayores que la de Pilar de Jaravía) en distintas minas mejicanas, como por ejemplo la mina San Antonio, en Chihuahua, y otras. Sin embargo, la morfología de los cristales es claramente distinta que la de los cristales mejicanos. Mientras que estos son de hábito prismático muy alargado, los de Pilar de Jaravia son gruesamente tabulares, casi equidimensionales. El yeso que ha formado los cristales de esta mina probablemente no procede de la oxidación de sulfuros, como es frecuente en muchas minas metálicas. En este caso, su origen está en grandes masas de yeso sedimentarias, que posiblemente han sido removilizadas. De hecho, el yeso es tan abundante en la zona que en terrenos de la mina Por si acaso se explotó industrialmente una cantera de este mineral. Evidentemente, se trata de una formación geológica y de una mina merecedoras de un estudio detallado, al que distintos especialistas en mineralogía topográfica y en minería, del Grupo Mineralogista de Madrid, y dirigidos por Gonzalo García, llevaban varios meses dedicados. Pero el nombre Quien tal pensara parecía premonitorio; a finales de mayo del 2000, la existencia de la geoda llega a conocimiento de algunos mineralogistas (aficionados y profesionales) sin relación con el equipo citado, que ven una ocasión de obtener protagonismo y publicidad, y consecuentemente, a los medios de comunicación y a los políticos regionales y locales. El resultado es el inmediato cierre de la mina, con vigilancia perramente de la Guardia Civil, y la prohibición de acceso a los aficionados, particularmente a sus descubridores. Para designarlos, y descalificarlos, se inventa para la ocasión la palabra "neominero" que parece designar a todo aquel que trabaja en el mundo de las minas y los minerales sin contar con las simpatías de los ahora "dueños" de la geoda. Esta geoda ha despertado en la zona los sueños más disparatados. Lo que realmente es una hermana pequeña de las enormes geodas de cristales de yeso mejicanas (con volúmenes decenas de veces superiores y cristales de hasta 3 metros) se convierte, por gracia del afán de publicidad, en algo único en el mundo. Incluso la vieja mina de hierro pasa a ser, por arte de magia, una mina de plata. Una alternativa razonable sería la extracción de la geoda para su conservación en un museo, como se ha hecho en otras ocasiones con excelentes resultados, incluso también con geodas de cristales de yeso. Las autoridades locales y regionales, que nunca movieron un dedo para proteger la mina o para investigar en ella, se niegan a que "su" geoda sea trasladada a otro lugar, y estudian habilitar la mina para el turismo !!. La posibilidad de que la geoda de yeso pueda convertirse en una atracción turística es más que dudosa. Para llegar a ella hace falta atravesar extensas zonas de la mina peligrosas e inestables. Gonzalo García, ingeniero de minas y responsable del equipo investigador, considera que las inversiones necesarias para que el recorrido cumpliera las estrictas normas de seguridad ahora en vigor para una visita pública son muy superiores al interés real de la geoda, y a su atractivo para el público, una vez amortiguado el impacto mediático aportado por la publicidad. El resultado final es lo que podría haber sido un hallazgo mineralógico de primera fila, orgullo de un museo, situado en un contexto de una mineralogía variada y con excelentes ejemplares de otras especies, lleva camino de convertirse en uno de tantos "yacimientos protegidos" que languidecen hasta su destrucción final, sin servir más que a las ansias de publicidad de algunas personas.