Si se prohibiera la búsqueda de minerales, casos
como el de Pulpí no serían posibles. Mientras el SEPRONA impide
la recogida de muestras en diversos lugares, se está obstaculizando
un estudio en el que cientos de aficionados no científicos juegan
un papel vital. Deberían ser la Universidad y el CSIC quienes, en
vez de cuestionar esta labor, la apoyasen firmemente.
OTROS DATOS DE INTERÉS
ACERCA DEL DESCUBRIMIENTO
En
referencia a las imprecisiones publicadas por el diario El País
(10/06/00), sobre la actividad que García-Guinea describe
como "neominería", calificando de "neomineros"
a las personas que la practican, conviene aclarar que se trata de
un concepto internacionalmente definido como "Mineralogía
Orientada al Ejemplar". El término define con precisión
una especialización de la disciplina mineralógica
hacia la búsqueda de especies bien cristalizadas y normalmente
macroscópicas, que suelen ser minoritarias en los yacimientos
y cuyo interés supera la mera componente comercial, que sin
duda también existe. Hay que aclarar que el coleccionismo
de minerales es una actividad legal y cultural con fuerte arraigo
en diversos países, entre ellos España.
Notables científicos y técnicos realizaron
a lo largo de su vida colecciones cuyo valor documental e histórico
está fuera de toda duda. De hecho, una buena parte del conocimiento
que actualmente se tiene sobre esta rama de la geología y
en particular sobre cristalografía, ha sido posible gracias
a la labor de recolección sistemática, coleccionismo
en definitiva, que eminentes investigadores llevaron a cabo de forma
paciente y rigurosa.
Es lamentable que el CSIC se
sume a la corriente que, desde algunas cátedras, pretende
menospreciar la actividad de búsqueda de minerales. Cuando
un coleccionista cuenta con las bendiciones de la élite científica,
se le denomina "naturalista" o "prospector".
Cuando no es así, se trata de un "neominero".
El
acceso a la mina de Pulpí fue recuperado en su momento también
por Juan Peña Rivera, otro "neominero" miembro
del Grupo Mineralogista de Madrid, permitiendo de nuevo el reconocimiento
de las labores subterráneas y sus peculiaridades geológicas.
Diversos buscadores investigaron en detalle las ocurrencias mineralógicas
del yacimiento, localizando hace ya mucho tiempo extraordinarias
formaciones de yeso cristalizado, entre ellas la que ha sorprendido
por el inusual tamaño de los cristales. De cualquier forma,
esta geoda, pese a las incompletas indagaciones de García
Guinea, tiene antecedentes, algunos de ellos sobradamente conocidos.
Puede citarse el clásico ejemplo de la encontrada a principios
de los años 80 en la mina San Antonio, en Santa Eulalia (Méjico),
donde se descubrió una cavidad de casi 100 metros de largo,
por 10 de ancho y de alto, recubierta totalmente de prismas de yeso
de hasta 3 metros de longitud, o la aparecida en la mina de El Teniente
(Chile).
Tampoco
parece razonable la sorpresa causada, habida cuenta que el yacimiento
ha estado en explotación hasta entrada la segunda mitad de
este siglo, y la apertura de geodas de yeso ha sido sin duda frecuente
con el avance de las excavaciones mineras. Ello más bien
pone de evidencia el desconocimiento de la materia que se tiene
en los selectos círculos científicos y la escasísima
porción de tiempo que se dedica a la investigación
sobre el terreno. Seguramente también desconocen las características
del resto de minerales de la paragénesis como la celestina,
baritina, galena, esfalerita, sulfosales sin identificar, bournonita,
siderita, etc, todos ellos cristalizados.
Sobre
la explotación turística de la mina, nuestra Asociación
fue pionera proponiendo en 1991 al Ayuntamiento de Linares (Jaén)
el acondicionamiento de uno de los pozos aún activos del
distrito, fecha en la que aún no había en España
ninguna iniciativa de esta naturaleza. Ingenieros de Minas miembros
del Grupo Mineralogista de Madrid han realizado proyectos técnicos
de acondicionamiento de otras minas subterráneas notables
para su exhibición turística en Riotinto (Pozo Alfredo)
y en minas de carbón de León (Pozo Ybarra) y, en su
opinión, el caso de Pilar de Jaravía es complicado
por las peculiaridades del yacimiento: el socavón de entrada
y otros largos tramos de pedriza con bóveda de mampostería
requerirían costosos trabajos de hormigonado para alcanzar
los coeficientes de seguridad exigidos para instalaciones no mineras.
La comunicación entre
el primer nivel de la mina y el segundo se realiza a través
de un pasillo con abundantes rellenos que sería preciso retirar,
y el propio segundo nivel presenta localmente zonas con peligrosos
desconchamientos de caliza que sería conveniente estabilizar.
La inversión supondría varias decenas de millones
de pesetas, y requeriría unos niveles de eficiencia en la
gestión que lamentablemente no suelen observarse en la iniciativa
pública. Por tanto, sería recomendable la extracción
de los ejemplares recuperables para su posterior exhibición
en museos o colecciones privadas, con la merecida divulgación
que requiere el caso. Existen antecedentes de reconstrucción
de geodas excepcionales, como la efectuada en la mina "Sweet
Home Mine", de EEUU.
Dicho todo lo anterior y como conclusión, nuestra asociación
brinda al resto del colectivo científico su máxima
colaboración para el estudio de cualquier yacimiento, siempre
que se plantee en un ámbito de respeto mutuo. Ello permitirá
alcanzar unos óptimos resultados.